Archivos de la categoría ‘Metodología’

Se terminaron las vacaciones de agosto, comienza un nuevo curso, la maquinaria educativa se pone a rodar de nuevo, los engranajes rechinan en las primeras vueltas como huesos doloridos, seguro que todos los lectores de Tecnele saben de qué les hablo.

Tecnele también vuelve a la actividad. Esta vez con dos enlaces a programas de radio de Radio France Internacional (RFI), una cadena de radio francesa pero que produce programas de radio en español. Para los interesados, es posible descargar podcast sobre distintos temas, desde música latina a cultura, pasando por tecnología, actualidad, literatura, etc.

Pero los dos programas que he seleccionado tienen que ver con el tema de nuestro blog: el uso de aplicaciones informáticas en la enseñanza de español.

Medios digitales al servicio de la enseñanza (5-mayo-2010)

No todos los jóvenes con un MP3 o un Ipod van escuchando música. Al descargar un fichero y grabarlo luego en su MP3, muchos chicos y chicas están estudiando francés o inglés, y entrenando el oído a la música de una lengua extranjera. Entrevistados: Lurdes Mans, profesora de francés en Barcelona; Julián Serrano Hera, profesor universitario y presidente de la Federación española de profesores de francés, y Thierry Lucas, responsable de ventas de Clé Internationale.

La tecnología al servicio de la enseñanza (21-julio-2010)

El uso de tecnologías informáticas en la pedagogía está en plena expansión. Se entrevista al respecto a Harold Castro, director internacional de edu 4, una empresa francesa fundada en 1986, y líder en el sector de equipamiento de multimedios para la enseñanza y la formación.

El buen profesor

Publicado: 04/07/2010 en Metodología
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Hace unos meses el “New York Times” publicó un interesante artículo sobre las cualidades que debe reunir un buen profesor.

Aunque el artículo está en inglés y no se refiere específicamente a la enseñanza de ELE, me parece lo suficientemente relevante para compartirlo con los lectores del blog.

ON A WINTER DAY five years ago, Doug Lemov realized he had a problem. After a successful career as a teacher, a principal and a charter-school founder, he was working as a consultant, hired by troubled schools eager — desperate, in some cases — for Lemov to tell them what to do to get better. There was no shortage of prescriptions at the time for how to cure the poor performance that plagued so many American schools. Proponents of No Child Left Behind saw standardized testing as a solution. President Bush also championed a billion-dollar program to encourage schools to adopt reading curriculums with an emphasis on phonics. Others argued for smaller classes or more parental involvement or more state financing.

Lemov himself pushed for data-driven programs that would diagnose individual students’ strengths and weaknesses. But as he went from school to school that winter, he was getting the sinking feeling that there was something deeper he wasn’t reaching. On that particular day, he made a depressing visit to a school in Syracuse, N.Y., that was like so many he’d seen before: “a dispiriting exercise in good people failing,” as he described it to me recently. Sometimes Lemov could diagnose problems as soon as he walked in the door. But not here. Student test scores had dipped so low that administrators worried the state might close down the school. But the teachers seemed to care about their students. They sat down with them on the floor to read and picked activities that should have engaged them. The classes were small. The school had rigorous academic standards and state-of-the-art curriculums and used a software program to analyze test results for each student, pinpointing which skills she still needed to work on.

But when it came to actual teaching, the daily task of getting students to learn, the school floundered. Students disobeyed teachers’ instructions, and class discussions veered away from the lesson plans. In one class Lemov observed, the teacher spent several minutes debating a student about why he didn’t have a pencil. Another divided her students into two groups to practice multiplication together, only to watch them turn to the more interesting work of chatting. A single quiet student soldiered on with the problems. As Lemov drove from Syracuse back to his home in Albany, he tried to figure out what he could do to help. He knew how to advise schools to adopt a better curriculum or raise standards or develop better communication channels between teachers and principals. But he realized that he had no clue how to advise schools about their main event: how to teach. […]

Sigue leyendo aquí Building a Better Teacher.

El artículo iba acompañado de una serie de vídeos.

Antes de introducir el uso de tecnología en un curso, es necesario tener muy claros los fines y principios pedagógicos.
La tecnología debe ayudarnos a cumplir objetivos preestablecidos, y no derivados de su inserción gratuita en el currículo.
Además, es necesario instruir en el uso de los programas y medios utilizados a instructores y estudiantes.
De acuerdo con estos principios, es necesario plantearse una serie de cuestiones antes de incluir un recurso tecnológico en las clases de lengua.

1. Evaluación de su finalidad y pertinencia en la clase de ELE: ¿Para qué vamos a usar este recurso? ¿Cuáles son las alternativas no tecnológicas? ¿Qué ventajas ofrece que justifiquen su uso?
2. Definición de las tareas y procedimientos: ¿Qué vamos a hacer con este recurso? ¿Qué funciones vamos a utilizar de entre todas las que ofrece? ¿Cuál es el objetivo final?
3. Instrucción en el uso: ¿Qué deben saber los instructores? ¿Y los estudiantes? ¿Es necesario planear sesiones de instrucción o se trata de un recurso conocido o de uso suficientemente intuitivo?
4.Evaluación final de rendimiento: ¿Justifican los beneficios educativos del recurso el esfuerzo de aprender a usarlo?

Conviene simplificar la aplicación de la tecnología para que ésta no eclipse el verdadero núcleo de la enseñanza.
Si el uso de tecnología en la clase es complicado o está dirigido por la improvisación, se corre el riesgo de que la atención de los estudiantes se centre en el funcionamiento de las aplicaciones y medios tecnológicos en lugar de en los contenidos que deberían aprender por medio de ellos. Los estudiantes aprenderán a usar la tecnología, pero no la lengua.